miércoles, 12 de marzo de 2014

"MARIA / GEA"

Mi relación con Ama Gea estaba evolucionando de forma vertiginosa.

Había pasado en muy poco tiempo de ser, una sucesión de experiencias divertidas y excitantes, a crearme un lazo emocional que comenzaba a impregnar mi vida.

Esto coincidió con una nueva crisis con mi pareja, y de pronto encontré que era muy difícil, recomponer mi relación familiar, a la vez que mantenía algo, que ya no era una aventura pasajera.

En alguna otra ocasión, pude vivir algo similar, pero ni de lejos, con la implicación emocional que esta me producía. Por primera vez "estaba" de verdad, con otra mujer que no era la mía.

Durante unos días evité llamar a Ama Gea, pero finalmente el deseo de verla fue mucho más fuerte que todas mis dudas.

Cómo ansiaba tener el internamiento, del que solíamos hablar, encontré la manera de ausentarme una mañana de mi trabajo. Y cuando lo conseguí, la telefoneé.

Cometí el error de decirle que, "teníamos que hablar". Luego supe que esa frase la había preocupado. (Odio ocasionar en mi Ama algún sentimiento que le produzca algún malestar).

El internamiento se complicó; mi Ama estaba reformando su salón, por lo que me dijo que en principio, podríamos mantener nuestro encuentro a partir de las ocho de la mañana, pero que tenía que confirmármelo.

No recuerdo el motivo por el cual, no pudimos ponernos en contacto, pero de igual manera, a las ocho de la mañana, estaba en la puerta de su casa, con unos bollos para el desayuno.

Cuando la llamé antes de subir, y me dijo que no podíamos mantener el internamiento, el corazón me dio un vuelco, pero me dejó subir un rato, hasta la llegada del estúpido carpintero y tomar un café juntos.

La encontré en pijama. No sé como está más bonita, si vestida con algunos de esos modelitos que me subyugan o con ese pijama que dejaba entrever su estilizada silueta, y sin ningún tipo de pintura. Mi Ama está elegante hasta en pijama.

Estaba medio dormida, se tumbó en el sofá, arropándose con una manta, y yo me senté en el borde a su lado.

Después de conversar un rato sobre el carpintero, la cruz que estaba sin terminar, los bollos y otros temas, le dije que necesitaba hablar con ella.

Su reacción fue de tristeza. Y creo que con cierta maldad, yo sentí más alegría que pesar, al comprobar que no me quería perder.

Pasé a relatarle cual era la situación en la que me encontraba y las dudas que tenía con nuestra relación. Después de escucharme, para mi sorpresa, aunque Ama Gea seguía estando allí, conocí a María.

He tenido muchas experiencias con mi Ama, pero descubrir a una persona, que ya antes había intuido, sensible, vital, tierna, inteligente, protectora, con sentido común y con la fuerza necesaria, para tomar las medidas que creía más correctas, aunque la perjudicaran, me dejo en un estado que no tengo palabra para expresar.

Mi Ama me estaba mirando a mí, Jose. Se puso en mi lugar, comprendió mi situación y María cercenó todos los intentos que tuve para acercarme a Ama Gea.

No quería que tomara decisiones que pudieran hacerme daño, y no quería que nos viéramos hasta que estuviera seguro de que hacerlo no sería negativo para mí.

A las cualidades de mi Ama, había que añadir al menos otras dos: era una persona ética y generosa.

Puedo recordar momentos entrañables, de las tres horas que pasé con María aquella mañana, el gesto de su cara cuando intenté besarle los pies sin su permiso, como me dio a comer de su mano un pequeño bollo que le había comprado, la sensibilidad que mostró hacia mi pareja cuando le hablé de ella, la preocupación que manifestó mi futuro en soledad, sin mi familia, su gesto de gata mientras le masajeaba la espalda, o la tristeza, que leí en su mirada, cuando me ordenó que no me pusiera en contacto con ella durante una semana, para que aclarase mis ideas.

Fue una mañana intensa y emotiva.

Cuando tuve que irme de allí, bajé con lágrimas en los ojos, por las escaleras del destartalado edificio, y me puse a andar por la calle como un sonámbulo, intentando asimilar todo lo que había vivido aquella mañana con María, que había venido a encontrarme con Ama Gea.

Aunque mi mente, no estaba en situación de vislumbrar lo que tenía que hacer, poco a poco una idea se fue aclarando en mi cabeza. Cogí el móvil y mandé un mensaje a mi Ama:

"Ya la hecho de menos, me aclararé y volveré".

Allí mismo tomé una decisión, no iba a dejar a mi familia, y por encima de todo, tampoco iba a dejar a Ama Gea.

J*