domingo, 9 de noviembre de 2014

"EL ENCUENTRO"

Me encontraba mirando MA, cuando me llamó la atención la fotografía de un Ama vestida de cuero negro, con un gesto altivo y poderoso.

El anuncio parecía sugerente, pero ya había conocido otros, con fotos y textos atractivos, que detrás escondían "amas", que aunque en el mejor de los casos, ponían su mayor interés en los gustos que le manifestaba, me transmitían que aquello era un trabajo, donde representaban un papel, en el que poco creían y poco disfrutaban.

Había varios anuncios de Ama Gea, que leí de forma rápida primero, y más detenidamente después.

Los textos estaban bien redactados, las fotografías bien escogidas, y su contenido, más que excitante, translucía que la persona que los había escrito, debía ser inteligente, y conocedora del verdadero significado de la palabra "Ama".

A la semana siguiente cogí el teléfono, y llamé a la que hoy es mi Ama, Dueña y Señora.

La voz que sonó al otro lado del teléfono me sorprendió. Hablaba de forma acelerada y su tono era más jovial de lo que me esperaba. Detrás de esa jovialidad había un toque de autoridad.

Después de un breve interrogatorio, la conversación terminó con: "Ya tienes una sesión con Ama Gea, a las 17.30". Me quedé con la impresión de que no era yo el que la había elegido, era ella la que me había admitido. ¡Me encantó!

Acudí a la cita un poco nervioso y telefoneé a las 17.30 en punto, me dio la dirección completa y me indicó que podía subir.

El edificio era antiguo, bueno más viejo que antiguo, busqué el ascensor pero no existía, y subí andando por las escaleras.

Llamé al timbre y al abrirse la puerta, me encontré a una mujer menos alta de lo que imaginaba y su indumentaria, aunque no la recuerdo bien, no era la de un Ama tradicional.

Era bella, con una belleza especial que me cautivó desde el primer momento.

Aunque no recuerdo su vestido, si recuerdo la impresión que me causó. Dejaba adivinar un excitante cuerpo, pero me daba la sensación que por mucho que deseara tocarlo, no iba a ser fácil que lo pudiera rozar, por supuesto y no sin el permiso de su propietaria.

El apartamento me causó una pobre impresión.

Era un local pequeño, poco equipado, sin ventanas, con una cocina cutre y con una sala anexa, que luego descubrí que era  la sala medical, pero que a mí me pareció un trastero.

Pese a todo, no estaba exento de encanto, y era un lugar muy limpio. La carencia de ventanas, los colores oscuros y la tenue iluminación, le imprimían una sensación de intimidad y le hacia asemejarse a una mazmorra.

Comenzamos hablando de mis experiencias anteriores, de las prácticas que me gustaban o podría aceptar y de mis límites.

No sé si por vergüenza, o por si alguna de las prácticas podían molestarla, no fui demasiado explícito, pero si manifesté que tenía experiencia, y que podía aceptar casi de todo, con el único limite de que no deberían de quedarme marcas.

Ella me comentó que venía del mundo amateur, y que había tenido una mala experiencia dominado junto a otra Ama.

Ahora quería vivir una nueva experiencia por su cuenta.

Me manifestó, y sentí como sincero, que le encantaba tener un sumiso que aceptara todo tipo de prácticas.

Después de enseñarme los códigos de seguridad, me ordenó desnudarme en le cuarto de baño y arrodillarme a sus pies, cuando volviera, para empezar la sesión...

Pepe Estrella.

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